lunes, 9 de septiembre de 2013

Entrevista - Martin Fierro en Política y el Siglo XXI

 


CUANDO EL ESCRITOR RESURGE DE LOS LIBROS




El escritor méxicano Don José Luis Ontiveros junto a Mons. Teofano, Juan M. Garayalde - Capilla de Piedra de San Jorge - San Vicente - Provincia de Buenos Aires - Argentina 28 de Agosto de 2013
 
Existen personas que en la vida nos dejan marcas profundas: la familia, los amigos, personas circunstanciales que se atraviesan en nuestro camino; pero a veces esas personas, están en los libros que uno lee y atesora, y un día, ese autor que tanto  ha admirado, está parado delante de uno.

Quién les escribe, hace ya muchos años había comenzado a leer artículos de un escritor y pensador mexicano, Don José Luis Ontiveros, en la publicación de Metapolítica mas importante de Sudamérica, “Ciudad de los Césares”.

De la lectura de sus artículos llegué a sus libros, “Apología de la Barbarie”, “La Espada y la Gangrena”, “El Húsar Negro”, “Aproximaciones a Yamato, los escritores mexicanos y el Japón”, “El Hotel de las Cuatro Estaciones” y más obras que me hicieron conocer el mundo de la metapolítica desde la literatura, y ese escritor/alquimista  revelaba los secretos de un Yukio Mishima, Ezra Pound, Ernst Jünger, Robert Brasillach, P. Drieu La Rochelle, Raúl Zalazar Maillén, Spengler, Friederich Nietzsche, Julius Evola, René Guénon… y la lista se vuelve interminable.

No tengo temor de decir que Don José Luis Ontiveros es en el tiempo presente uno de los mayores escritores de Metapolítica del mundo de habla hispana.

Asi es que,  uno que lee a lo largo de su vida autores contemporáneos,  jamás se le habría de cruzar en la mente que  se lo encontraría cara a cara; y aún peor, que quiera realizarle -a ese hambriento lector-  una entrevista para mostrar a su público lector en México y España, el pensar literario, metapolítico de la tierra de los matreros, mi pampa gaucha.

En mi persona, ese sueño imposible se hizo realidad. Nunca podrá mi pobre vocabulario expresar lo que es conocer a Don José Luis Ontiveros, caminando por la Avenida de Mayo de Buenos Aires, tomando un café en el Tortoni, o comiendo un asado en el Restaurante de San Telmo, "El General" rodeado de cuadros de la epoyepa peronista. 

Vladyka Teofano, Juan Manuel Garayalde
Eparca Coadjutor de Buenos Aires.
Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava en el Extranjero
www.panaghia.org.br


 
Don Jose Luis Ontiveros en el centenario Cafe Tortoni en la Avenida de Mayo de la Ciudad de Buenos Aires.-


Martín Fierro en política y el siglo XXI

José Luis Ontiveros

22/Aug/2013 18:11
Publicación VÉRTIGO, Año XIII Nro. 648, 18/08/2013, pág. 36 y37
Link Web:
http://www.vertigopolitico.com/articulo/21318/Martn-Fierro-en-poltica-y-el-siglo-XXI

 
 
El joven intelectual argentino Juan Manuel Garayalde afirma una serie interesante de puntos de vista acerca del mítico Martín Fierro en una entrevista para Vértigo, más desde un punto de vista metapolítico y de antropología cultural sobre la obra escrita por José Hernández en 1872, que cobra actualidad en el debate sobre las raíces identitarias argentinas y el siglo XXI.

Garayalde, experto en el estudio de las religiones y quien terminó adhiriendo la tradición católica ortodoxa, estudioso del inconsciente colectivo, de la mitología popular y de la simbología sagrada, asegura que la obra aborda la identidad profunda opuesta a la abstracción iluminista, así como la raíz barbárica de las pampas y del modo original de comprender el mundo.

Al mismo tiempo, cuestiona el pretendido ser modélico y político de un Occidente decadente y absorbente en sus antivalores: Martín Fierro es el primer anarca de Iberoamérica.

—¿Sigue siendo vigente el Martín Fierro como el cantar de gesta argentino?

—Sí. El Martin Fierro es la obra cumbre de la argentinidad. Representa un rechazo a la modernidad. El periodo histórico tratado en la obra se puede localizar cuando el liberalismo político se consolidó en Argentina. Un símbolo de ese “progreso” es el alambrado, que viene acompañado de la “propiedad privada”, con la consecuencia de que enormes extensiones de campos quedan en pocas manos y cerradas al paso del gaucho nómada. Su techo es el cielo, su piso es la inmensidad de la Pampa. Viaja de pueblo a pueblo, de estancia a estancia, deteniéndose en las pulperías de campo (el viejo almacén de ramos generales y boliche para el gauchaje). Trabaja en diferentes estancias, según si hay algo para cosechar o ganado al cual criar o cuerear. Al poner los alambrados ya no se puede andar libremente, el gaucho errante pasa a ser un outsider, un paria de la “civilización”. La policía los perseguía por “vagabundear” y luego los enviaban a los fortines militares, enclenques construcciones donde escaseaban la comida, el agua y el trato humano, para defender a la “civilización” de los malones indígenas.


Don José Luis Ontiveros y Mons. Teofano, Juan M. Garayalde en el Cafe Tortoni de la Ciudad de Buenos Aires - 27/08/2013


REBELDE

Martín Fierro huyó del fortín hacia las “tolderías” (campamentos indios), el refugio de la “barbarie”, que era más su “hogar” que la “civilización” que lo hostigaba para domesticarlo.

Martín Fierro es el anarca —no un anarquista— que se rebela contra el poder opresor, pero no se erige en otro opuesto: “Sarmiento, con sañuda crueldad, nos pinta a nosotros como bárbaros. Ahí están sus textos exterminadores. Él proclamó el aniquilamiento de los pampas, de los indios; los llamó ‘piojosos’ e irredimibles. Vio en ello a la ‘ilustre’ y digna ‘señora’ civilización. Y luego nos cuentan que el caudillo Rosas fue muy ‘terrible’. Que se lea a Sarmiento en sus fuentes. Hay tanto que merece revisarse… y ello en función de la verdad histórica”.

—¿Cuál ha sido la razón de que el libro escrito por José Hernández sea un referente en sus hitos históricos?

—Hernández muestra en el libro la esencia de la argentinidad: no subordinarse al poder extranjero, a las ideas que se importan de otras naciones, con otra cultura e historia. Es el rechazo al “afrancesamiento” de las instituciones y la educación. Argentina se mató a sí misma por rechazar el pasado medieval/imperial de España al considerarlo oscurantista… y los “iluminados” (Sarmiento, Echeverría, Rivadavia, Mitre, etcétera) fueron los encargados de matar ese espíritu, que volvió a resurgir en diferentes momentos de nuestra historia: con el caudillo Rosas, con el presidente Yrigoyen, con Perón, con la gesta de las Malvinas…. Hay otra Argentina, que no la dejan ser, porque ello implica, oponerse al orden mundial.

—¿Cómo podría definir su perennidad política en el ámbito de las letras iberoamericanas?

—El Martín Fierro es nuestro Quijote de la Mancha. Ambos tratan un periodo de crisis de la verdadera identidad de un país. El caudillo Rosas no quería dictar una Constitución que someta a todo un pueblo a normas abstractas, extrañas al ser nacional. La Argentina vivía de su tradición y costumbres. Su cultura era la cruza del indio indomable y del temerario conquistador español: el gaucho.

Sin embargo, añade Juan Manuel Garayalde, “el Martín Fierro ya no es leído en las escuelas. Un poco por el desconocimiento profundo de la importancia del mismo para nuestra identidad. Quitarnos nuestra esencia es quitarnos el orgullo de ser argentinos y sentir honra. Somos los primeros en sentirnos sudacas sin darnos cuenta”.

LIBERTADES

—¿Hasta qué punto el honor y la aventura que son las fuentes del Martín Fierro se mantienen como principios en la forma de ser argentina?

—Soy seguidor de un escritor anarquista ontológico que se llama Hakim Bey. Él dice que existen “zonas temporalmente autónomas” (TAZ) donde los que buscan la libertad crean estas regiones aisladas del sistema: sin leyes, sin impuestos, sin policía del pensamiento… Pone de ejemplo a los piratas que se refugiaban en la Isla de la Tortuga, o a los inmigrantes yanquis que se iban al “salvaje oeste” a buscar un lugar donde asentarse cuando todavía no estaba instalado el Estado con sus fuerzas policiales. En Argentina la TAZ fue la frontera con el indio. Ahí huyó Martín Fierro, a un lugar donde era libre, conviviendo con los indios. Es la representación de una tragedia, donde el “progreso” viene a matar el alma de la argentinidad. Ya no están Quiroga o Rosas para defender al gaucho y al indio. Ahora estaba el “progreso”, con el Ejército nacional, la policía y las leyes de la Ilustración.

—¿Acaso el Martín Fierro no es más una parafernalia gauchesca de nostalgia que una presencia actuante que determine un paradigma colectivo en el siglo XXI?

—Lo es. Describe una pérdida. Por eso el ser verdaderamente argentino renace de vez en cuando como un 17 de octubre de 1945, en que los “cabecitas negras” (los gauchos que en el siglo XX son obreros de fábrica) liberaron al futuro presidente Perón de prisión, o con la gesta de las Malvinas. El Martín Fierro nos hace recordar que somos en el fondo bárbaros; por su parte, el mundo moderno hará lo posible para que nunca recuperemos nuestra identidad y sigamos amaestrados y sometidos a los “mitos” que ellos nos inculquen.

Dice Garayalde que “cuando tuve oportunidad de leer vuestro libro Apología de la barbarie, que llegó casi de contrabando a nuestro país, como si viviéramos bajo el dominio de una sociedad totalitaria, aquí nos dimos cuenta de que la barbarie está presente de diferentes formas en todos los rincones del mundo. Es tiempo de una unión de los pueblos de talante y raíces bárbaras, contra los opresores de la ‘civilización’ y ello será el desafío del siglo XXI. ¿Lograremos que se levanten nuevamente las huestes de Martín Fierro contra el mundo ‘civilizado’? Esa es la clave secreta de la historia y el retorno de lo sagrado”.
 
 
Don Jose Luis Ontiveros visitando la mítica Plaza de Mayo de la ciudad de Buenos Aires. En la imágen, junto a la fachada del hoy Ministerio de Economía, donde se puede ver en su marmol los huecos de las balas de metrallas de los aviones que en 1955, bombardearon la Plaza de Mayo para derrocar al ex Presidente Juan Domingo Perón.
 
"Cuando el desierto crece y las formas más bajas de la organización social se imponen como una variante de la decadencia, la mirada pura de luz de Zaratustra, distante ya de la muchedumbre, en la lejanía de las cumbres, aviva el fuego del bosque, en ese resplandor sobre la oscuridad, el hombre, en la soledad, recupera el valor del destino"
Don José Luis Ontiveros, "La Espada y la Gangrena", Editado por el Instituto Mexiquense de Cultura - Toluca - México - 1992 - Pág. 74
 
 

miércoles, 17 de julio de 2013

El Monacato como un movimiento de vida



EL MONACATO COMO UN MOVIMIENTO DE VIDA
Lic. Teología.  Jesús Manzano Plaza 
06/2013
Patriarcal Ateneo San Marcos



Uno de los Monasterios de Meteora ("Monasterios arriba del cielo") situados en el norte de Grecia, llanura de Tesalía, construidos alrededor del Siglo XIV


El Monacato se puede comprender como un movimiento que traspasa las mismas fronteras del monasterio, del simple lugar físico, incluso va más allá de un fenómeno religioso como tal. Como un movimiento o nueva tendencia, el monacato está originado en el rechazo a la forma como el cristianismo se empezó a organizar, vinculado al carácter mismo del estado romano como una estructura política. Esta situación hace que el emperador Constantino, que aprueba la religión, como religión oficial del imperio, pase los privilegios de las religiones paganas como estaba acostumbrado, al cristianismo. Si se es más fiel a la forma como se originó la vida cristiana desde los criterios del evangelio, no hay una mayor relación con el espíritu que inició Jesús y que siguieron las primeras comunidades cristianas, con este nuevo matiz del estado, perdiéndose así este espíritu del evangelio.

Si vamos más allá y vemos  la vida de los obispos cuando la religión se hace religión de estado,  la vida se da desde excesos de riqueza, privilegio social y político. Es claro que el inicio de esta clase de situaciones tiene que tener una voz de rechazo y de cambio que se van consolidando en los discursos de San Jerónimo, un ejemplo de vida ascética y de una teología clara sobre esta, que trae consigo discípulos y una forma más cercana a los inicios de la vida cristiana. También podemos citar, a mujeres de Roma, de grandes familias, que en este tiempo de San Jerónimo, ya practicaban costumbres ascéticas como Paula y Marcela considerando a esta última como ¨introductora de la vida monástica¨.[1] Este tipo de ascetismo empieza a tener una forma de contacto con otras regiones y a ampliarse, como en Egipto e Hispania. Igualmente también se formaron células ascéticas de diferentes estratos sociales de la sociedad romana. Los escritos de S. Atanasio sobre la vida de Antonio, ayudan a que este movimiento se viva en otras regiones al poderse leer un testimonio de la vida eremítica en los lugares donde se desconocía. Es claro que como todo un movimiento que podríamos llamar revolucionario en la época y en el tipo de sociedad fue perseguido por las mismas familias y juzgado por razones sociales ya que dar las riquezas a los pobres para vivir un movimiento ascético no era fácil de comprender si no se tenía buen conocimiento y más aún, una opción fundamental desde los valores del evangelio y las virtudes de vida.



Monasterio Simono Petras ("Simón es Piedra") fundado en el siglo XIV, esta situado en el Monte Athos, sitio donde se erigen mas de 20 monasterios en su gran mayoría antiguos.


Tanto en oriente como en occidente se da este movimiento del monacato, muchos de los que se hacen monjes ya antes habian tenido una vida, profesiones, bienes, matrimonio… otros jóvenes también inician una vida de monjes, otros son padres cristianos y otros nacen del paganismo. He definido este movimiento como un movimiento de vida, pues viene de Jesús mismo, de la comprensión del evangelio sobre las renuncias que se deben hacer para alcanzar una vida más plena, espiritual, también porque de alguna forma esa originalidad y espíritu de la vida cristiana se iba muriendo con el peso de la estructura política y de estado, con la vida pagana de los romanos y con la poca hermenéutica o más bien falta de criterio, de claridad, de sentido y finalidad de la vida cristiana.  

Un elemento importante que empieza a gestarse para las personas que toman la iniciativa de la vida ascética y para el monje,  es el desprecio por las riquezas, como una forma de rechazo a la escala de valores de la sociedad romana. Otro elemento es precisamente el rechazo de los valores clásicos de la sociedad romana ya que el cristianismo se ve entrecruzado y mezclado con la cultura pagana, el monacato es un rechazo al mundo de toda la cultura grecorromana, al lujo, al egoísmo a la ciencia mundana, al ansia del poder y de ocupar cargos civiles… de ello es un buen ejemplo Melania, la joven según los relatos de Geroncio, ¨el peso de tan grandes riquezas perecederas ocasionan la muerte¨.[2]

Por ello hay una razón lógica de retirarse al desierto, esta es precisamente huir de este tipo de vida romana, aunque muchos de los ascetas como en la región siria llevaron un tipo de vida al extremo hasta la muerte. Otra característica del monje es el vestido, confeccionado de un material áspero sin adornos. La austeridad en la comida es un buen rechazo a la forma como eran explotadas las clases pobres a costa de que las ricas llevaran una vida exageradamente opulenta, para ello hacían mucho ayuno y su comida era mínima y frugal un poco a ejemplo de Juan Bautista y Jesús en el desierto y en la forma de vida que siempre llevó. La necesidad de la caridad con el prójimo, hace que no estén desconectados de la vida y sufrimientos de las personas, estos llamados también anacoretas y cenobitas, se preocupaban fuertemente por la situación social del bajo imperio que era desastrosa. Estos viajaban, atendían enfermos, a los presos, a los necesitados, daban limosnas como en el caso de Melania que las enviaba a otros países vendiendo sus posesiones para hacer labores sociales y ayudar a los monasterios. También era una forma fuerte de oposición a la cultura pagana frente al conocimiento literario. Antonio como fundador de los monjes, no aprendía más lenguas que la nativa para no contaminarse de la cultura, los monjes vivían un tipo de analfabetismo con esa razón. Otro elemento era evitar tener cargos que traían consigo poderes, riquezas y títulos, incluso como en el obispado que pasará de padres a hijos. El monacato rechaza los cargos eclesiásticos, de la misma manera que el rechazo del control del emperador sobre la iglesia o servilismo de los obispos, de igual manera también personalidades eclesiásticas que quisieron vivir el monacato fueron rechazados ya que no cambiaban muchas de las costumbres con las que venían.


La bandera del Imperio Bizantino todavía flamea sobre los antiguos monasterios y skete (comunidad de ermitaños)  del Monte Athos


Es importante resaltar que los monjes vivían de su propio trabajo, desde diferentes oficios, esto ayudó al mismo crecimiento de los monasterios, en ellos se ve la importancia de no perder el horizonte con el cual se inició ya que estos crecen y se organizan fructíferamente. Un elemento muy importante que podemos resaltar es la riqueza litúrgica que surge en la vida del monasterio, los monjes se dedican a la plegaria, la salmodia, a una vida de oración en varios momentos del día, viviendo una absoluta independencia, no solo de la situación social y política de la cultura, sino también de la estructura religiosa, el monacato es un símbolo de rechazo y de un nuevo orden desde lo político, lo social y religioso que da un interesante giro a la vida cristiana.

Una buena lectura que podemos hacer del movimiento monástico es el lugar que ocupa la Teología para este desde una comprensión desde oriente. Por ejemplo para John Binns, si nos situamos desde oriente, el teólogo es el hombre que se dedica a experimentar a Dios, no a discutir sobre Dios, y el monasterio es el lugar teológico.[3] Este autor nos recuerda lo importante que ha sido el monasterio para la iglesia, y aunque en el mundo oriental en algunos lugares a parecido desaparecer por unos tiempos, siempre encuentra la forma de volver a figurar.  Binns, dirá que el monasterio es un ámbito de celebración litúrgica, que se fue convirtiendo en el centro de fortaleza espiritual para todos los creyentes, también es un centro de educación y estudio para las personas, aporta los futuros líderes, ya que solo de allí se pasa a la consagración de obispo, también son centros de hospedaje y espiritualidad, y centros de  actividad económica que proporcionan empleo a la población local en las tierras del monasterio. Una experiencia significativa para el origen del monasterio lo presenta el presente autor en la vida de Antonio de Egipto diciendo; ¨El honor de haber sido el primer monje se concede generalmente a Antonio de Egipto (ea. 250-356),¨ [4] aunque es posible encontrar ejemplos anteriores de este estilo de vida, según el autor desde su juventud en Egipto, Antonio se sintió conmocionado por dos pasajes de las Escrituras que escuchó en la iglesia: «Si quieres ser perfecto, ve, vende tus posesiones, y da tu dinero a los pobres... y después ven, sígueme», y «no te preocupes por el mañana» (Mt 19, 21; 6, 34). Muchas personas siguen el ejemplo de este hombre que dedica su vida, ¨al combate ascético, en lo profundo del desierto¨.



En las montañas de Asia Menor y Europa del Oeste, se pueden hallar antiguos monasterios ya abandonados que fueron construidos sobre la roca de las montañas y que supieron habitar cientos de monjes


El segundo personaje es Pacomio, que atrajo mucho por el modo cristiano de vivir, desde una experiencia de caridad y amor que ve en una comunidad. ¨ El movimiento monástico surgió como institución identificable en los cien años posteriores a las vidas de los dos primeros santos monásticos, Antonio y Pacomio¨.[5] El autor nos dice que es bueno comprender el surgimiento del monacato como una respuesta a la respetabilidad y universalidad del cristianismo.  Diferente a una iglesia del imperio, el monasterio seguía el estilo de una comunidad diferenciada como en el inicio del cristianismo, que desde el amor fraterno siguen el proyecto de Dios, con unos elementos muy sencillos en su forma de vida, aunque también con una vida activa en la sociedad desde la solidaridad con los necesitados y los enfermos, que a la vez hacían desarrollar sus alrededores en el trabajo y el comercio, tanto que el mismo imperio tuvo que reconocer su importancia, en cuanto al bienestar social que proporcionaban como en la generación de empleo, y para la extensión de las fronteras del mismo, se podría decir que fue una forma de confrontar y a la vez de apoyar al gobierno, pero fundamentalmente lo importante de los monasterios es que ocuparon un lugar fundamental en la vida, no solo de la iglesia sino de la misma sociedad.

Entre las características propias de vida del monasterio cito las palabras de Binns donde se expresa las dos formas esenciales de vivir el monacato: ¨ Dentro del monacato existen dos formas diferenciadas de vida. Esto se puede observar comparando las vidas de Antonio y Pacomio, y también podría entenderse que representa los dos grandes mandamientos de Cristo: en primer lugar, amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y fuerza. Y en segundo lugar, amar al prójimo como a uno mismo. El primero se corresponde con la vida de los ermitaños, o eremítica (del griego eremos, que significa tierra despoblada o naturaleza virgen). Y el segundo es la vida comunal, o cenobítica (del griego koinos bios, o vida en común). Para el eremita, seguir a Cristo significaba abandonar el mundo y vivir en soledad, siguiendo el ejemplo de Elías, o de Juan el Bautista, y de otros moradores del desierto, aunque esto no significaba necesariamente apartarse de los vecinos, puesto que la plegaria por éstos es una de las formas de amor al prójimo. Para el monje que se encuentra en un cenobio, o comunidad monástica, la vida cristiana estaba basada en el amor, y el amor sólo podía ser eficaz dentro de una comunidad ¨.[6]



 Catedral Metropolitana de San Pedro y San Pablo de la Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava en la ciudad de San Pablo, República Federativa de Brasil - La misma es sede del Monasterio de la Venerable Orden de los Padre Eucaristinos.


En cuanto al sentido de la soledad para el monje su significado, no solo corresponde a una persona soltera, sino también a una persona decidida. Aunque también se habla de una tercera forma, la Laurita que estaría cercana a la traducción, sendero, en el que confluyen las diferentes ramas, los elementos comunes del monacato como movimiento de vida, siendo esta una integración de la vida de soledad y la vida de comunidad. Estas formas de vida se extienden por todo oriente, pero también crece hacia occidente con Juan Casiano, un sacerdote asceta gran viajero, que fundó la abadía de San Víctor de Marsella hacia el siglo V. Posteriormente el monje, S. Benito,  escribe una regla destinada a los monjes que permite dar criterios de unidad en los monasterios convirtiéndose en una de las más influyentes. ¨ La Regla de san Benito se convirtió en el modelo para toda la vida monástica en el Occidente. De hecho, en el Oeste, el término de «monje» se reserva generalmente para quienes siguen alguna de las formas de la Regla Benedictina ¨.[7]

El monasterio también produjo escritores que fueron guías de la vida ascética, ¨uno de los maestros de la vida espiritual más ampliamente leídos, fue Evagrio quien dirá: El propósito de la vida cristiana es el de recuperar la unidad de la mente con Dios, lo que se logra a medida que gradualmente nos liberamos de la prisión del cuerpo, y permitimos que nuestros intelectos retornen a su origen, y es en esto en lo que radica nuestra salvación¨.[8] Este colocará los conceptos clásicos de la espiritualidad cristiana. Debido a la amplitud del movimiento monástico solo se ha citado un breve resumen que trata dar darnos un pequeño marco de lo que significó para la vida cristiana del momento y lo que nos enseña para nuestro tiempo el monacato.



Catedral/Monasterio en San Pablo (Brasil) de la Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava en el Extranjero, sede de la Venerable Orden de los Padres Eucaristinos



El monacato como un movimiento de vida cristiana deja una profunda reflexión a la dirección que tomó el cristianismo con el imperio, a la importancia de una fe exigente y seria, a la comprensión que se puede tener de teología como simple razonar de Dios, más que de vivir e interpretar la gracia de Dios en la vida, y de la compleja relación que hacemos con el evangelio en la cultura. Más allá de que la vida de las sociedades y culturas le aporten variedad de elementos a la vida cristiana, en ella ya hay una esencia que da vida al contexto social y responde a una variedad de situaciones sin ser diferente a la vida misma. El monacato no solo fue un movimiento revolucionario contra el cristianismo impregnado del imperio, también aporto a ese tipo de vida una visión diferente de desarrollo, sin confundir los fines con los medios. El monacato es un movimiento de vida, personal, común, para la iglesia y para todo aquel que siente una relación de unidad profunda con Dios, en la búsqueda de una vida más allá de lo contingente y lábil de la existencia humana a través de la fe.




[1] Blázquez José María, Intelectuales, ascetas y demonios al final de la antigüedad, Ediciones Cátedra S.A 1998, Pág. 233
[2] Cf. Ibíd., Pág. 239
[3] Cf. Binns, John,  Las Iglesias Cristianas Ortodoxas, Ed. Akal – Madrid – España – 2009. Pág. 2
[4] Ibíd. Pág. 3
[5] Binns, Op cit. 3,  Pág., 5
[6] ibíd., Pág. 8
[7] Ibíd. Pág. 12
[8] Ibíd. Pág. 15


sábado, 1 de junio de 2013

Garcia Bazán - Retorno al mundo de lo Sagrado y lo inquietante


JOSEPH CAMPBELL - LA IMAGEN DEL MITO
 
Con motivo de la traducción y edición en la República Argentina del  libro "La Imagen del Mito" por parte de la Editorial El Hilo de Ariadna presidido por el Leandro Pinkler y María Soledad Costantini, la publicación Revista Ñ, publico un articulo del renembrado especialista en gnosticismo el Dr. Francisco García Bazán que aqui exponemos.  Dicha publicación fue presentada en la Feria del Libro de la Ciudad de Buenos Aires el 12 de mayo de 2013 y en el Museo MALBA el 26 de mayo, con la presencia del Lic. Leandro Pinkler, el Dr. Francisco García Bazán y el Dr. Bernardo Nante.
 
+Teofano, Juan Manuel Garayalde
 
 
 
Joseph Campbell (1904-1987)
 

Retorno al mundo de lo sagrado y lo inquietante

Por Francisco García Bazán

Publicación Revista Ñ – 14-05-2013


 

El siglo XX ha dado tres notables e internacionalmente famosos mitólogos: el rumano Mircea Eliade, el suizo Carl Gustav Jung y el norteamericano Joseph Campbell. A cada uno de ellos los caracteriza la vocación por el rastreo y estudio de los símbolos míticos y sus transformaciones a través del tiempo, pero especialmente los une el interés por encontrar un fondo común que justifique la presencia universal y variada de las manifestaciones del mito. Eliade ha encontrado el fundamento unificador en la historia comparada de las religiones; Jung, en lo inconsciente colectivo y Campbell en la sophia perennis. En los tres casos también ha amalgamado la intuición singular la percepción de lo sagrado como experiencia humana del mysterium fascinosum, augustum y tremendum de “lo totalmente Otro”, anticipada por el fenomenólogo de la religión Rudolph Otto, por la inspiración e influencia efectiva que ejerció en los concurrentes a las reuniones anuales de Azcona. Hay también que reconocer, que de los tres investigadores mencionados el que hizo los mayores esfuerzos para que la relevancia de los mitos y símbolos se difundiera en los planos más accesibles de la cultura occidental durante la segunda mitad del siglo XX, fue Campbell.


Años de formación



Campbell nació en White Plains, Nueva York, en una familia católica, en 1904. Agotará la existencia en Honolulu en 1987, con ochenta y tres años. Estuvo casado durante cuarenta y nueve años con su ex alumna, la bailarina Jean Erdman. Fue docente por cuatro décadas en el Sarah Lawrence College. Poseía una sólida formación humanística, pues había realizado estudios universitarios de lenguas y literatura inglesa medieval, francés antiguo y alto alemán, ampliándolos con el conocimiento del provenzal y el sánscrito. Asimismo era buen conocedor de lenguas modernas, incluido el japonés. Estos instrumentos lingüísticos le permitieron una vez que encontró el suficiente aliciente, familiarizarse con filósofos modernos como Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, pero también con las filosofías hindú, budista y del Extremo Oriente.
 




Desde niño se sintió atraído por la cultura de los pueblos nativos norteamericanos a través de los artefactos conservados en los repositorios de historia natural, incitada su sensibilidad fue desocultando posteriormente su facultad imaginativa mediante las lecturas de Thomas Mann y de James Joyce, la frecuentación de las obras de arte de Paul Klee y Pablo Picasso y la aproximación personal al novelista John Steinbeck y al biólogo marino Ed Ricketts. Pero gracias especialmente al acceso a los estudios del indólogo Heinrich Zimmer logró estabilizar y profundizar sus aspiraciones de absoluto, encontrando finalmente una base empírica para responder a sus inquietudes espirituales en la psicología psicoanalítica de Carl Jung y en determinadas manifestaciones de la plástica contemporánea.




De este modo fue elaborando una original cosmovisión que expuso sucesivamente en sus libros, e incluso en medios de difusión audiovisuales: El héroe de las mil caras (1949), volumen por el que comenzó a ser conocido y que expone un monomito bajo la denominación del “ciclo del viaje del héroe”; Las máscaras de Dios (1959-l969), obra sistemática en cuatro partes, mitología primitiva, mitología oriental, mitología occidental y mitología creativa en la que organiza mediante el método comparativo sus análisis de mitología y religión, El poder del mito, producción publicada póstumamente (1988) que incluye un amplio análisis de los arquetipos mítológicos, religiosos y psicológicos.


Finalmente nos debemos referir a su obra publicada en vida, Imagen del mito (1974, 619 ps.), el libro traducido al español por Roberto R. Bravo y publicado bellamente por El Hilo de Ariadna que aquí presentamos.
 
 

Joseph Campbell
 


La representación mítica



Imagen del mito organiza la extraordinaria riqueza de sus imágenes (unas 435 ilustraciones) fiel al siguiente esquema de pensamiento que enhebra sus páginas: “Los sueños son una puerta abierta a los mitos, pues éstos son de la misma naturaleza de aquéllos, y que los mitos surgen, como los sueños, y al igual que la vida, de un mundo interior desconocido para la conciencia despierta.


En el Capítulo I abrimos esa puerta a los mitos a través de los sueños, y en el Capítulo II establecemos dos órdenes del mito: el primero, relativamente simple, es el de las tradiciones populares iletradas, de transmisión oral; y el segundo, considerablemente más complejo, el de las grandes culturas poseedoras de escritura, principalmente de Europa y Oriente Próximo, la India, el Lejano Oriente, Mesoamérica y Sudamérica, para culminar históricamente en la gran tríada representada por las “religiones mundiales” del judaísmo, el cristianismo y el Islam. Las estructuras fundacionales de esta mitología inmensamente influyente se identifican en el Capítulo II, mientras que en el Capítulo III se ilustran y discuten algunas diferencias importantes entre sus interpretaciones y aplicaciones en Oriente y Occidente.


Seguidamente, el Capítulo IV presenta en detalle un acercamiento oriental, a través del yoga, a una lectura psicológica de la simbología del mito; y, con el fin de mostrar la relevancia de esta lectura para las formas orientales y occidentales, he incluido ilustraciones de obras maestras tanto recientes y europeas como antiguas y orientales. Este capítulo representa el punto culminante de la exposición, seguido, en el Capítulo V, por un amplio examen comparativo de una serie de tratamientos literarios y populares de una figura ancestral y conocida del dios sacrificado. Por último, el Capítulo VI cierra el libro con una nueva consideración del mito como sueño y como vida, junto con el paradójico misterio del despertar”.


Por tanto, desde un fondo inmanifiesto potente y articulador, el surtidor de lo sagrado, emergen las manifestaciones de la vida, la fluencia de los sueños y la trama del simbolismo mítico que la humanidad transmite. El capítulo primero muestra una selección polifacética de imágenes coherentes que ilustran la afirmación. Para mencionar algunas: desde el nacimiento de Eva que surge del costado de Adán en profundo sueño, según lo ilustra Miguel Angel, pasando por el hindú Vishnu que sueña el universo, y las confirmaciones de Osiris como el juez de los muertos y el nacimiento de Fanes del huevo cósmico de la rapsodia órfica, hasta el alumbramiento de Mitra, la noche del 25 de diciembre, como el Niño Dios del cristianismo. De la oscuridad omnipotente, caos germinal, viene la luz que todo lo ilumina.


Desde el mismo fundamento sin base proviene asimismo el orden cósmico establecido con ritmo en el tiempo y el espacio, en cuyo ámbito se desarrolla la regularidad litúrgica, social, jurídica y comunitaria. Pero el cosmos es inseparable de su fuente nutricia Lo dicho es patrimonio tanto de las culturas ágrafas como letradas. La vertical entre la tierra y el cielo, el eje del mundo, a veces representado por el árbol de la vida, la organización en su torno materializada en calendarios, monumentos funerarios y figurillas afines, verifican el mensaje. La proliferación de pruebas extraídas del Próximo Oriente Antiguo y de las culturas indígenas centroamericanas, de México y de Perú se imponen por su presencia contundente.


La luz interior



Aquí también Campbell se dedica a describir las diferencias que se dan entre expresiones homólogas de los mismos arquetipos sagrados, bien se trate de la felicidad terrestre (Shri-Lakshmi javayana) o trascendente (Prajnaparamita), más próxima a la Sofía occidental, pero siempre ilustrando el modelo de lo eterno femenino. Al mismo tipo de precisiones analíticas conducen las representaciones similares pero de diverso sentido sobre la realización externa o interior y las ilustraciones ofrecidas sobre la Shakti, el paraíso de Amida, un ánfora cretense del penúltimo milenio anterior a Cristo o la imagen japonesa del Gran Sol Buda del siglo XIII d.C. Los apartados dedicados a las aguas inferiores y superiores y a la semilla de oro, examinan igualmente a través de la iconografía sin límites geográficos ni cronológicos los rasgos que adopta dentro del simbolismo sagrado el misterio de la fertilidad.y las delicias del eros, con una confluencia firme en una ciencia tradicional como es la alquimia, según el rescate contemporáneo de C. G. Jung.
 


Otra publicación de Joseph Campbell, "Mitos de la Luz" (Marea Editorial 2005) prologado por el Lic. Leandro Pinkler

 

El capítulo IV bajo el sugestivo título de “Transformaciones de la luz interior” esclarece el proceso experiencial que conduce hacia la unión con lo libre de sujeciones o absoluto. En este aspecto dentro de la enseñanza hindú el punto de vista yóguico provee de una vía segura que subyace a cualquier enfoque empírico eficaz y las sentencias fusionadas del gnóstico Evangelio de Tomás (77 y 108): “Jesús dijo: “…Yo soy el Todo. El Todo provino de mí y el Todo ha llegado a mí. Llegad a un madero. Yo estoy allí. Levantad la piedra y me encontraréis allí… El que beba de mi boca llegará a ser como yo. Yo también seré como él y las cosas ocultas le serán reveladas”, encierran la culminación de cuanto el hombre puede alcanzar. Imágenes serpentinas, del total desasimiento o vacuidad, bien sean gnósticas, hindúes, budistas, sumero-acádicas, o de la ascética y misticismo medieval convergen hacia este fin. El cultivo y descubrimiento espontáneo de los mándalas, nuevamente con la psicología junguiana, señala hacia la materialización de esta “búsqueda (inagotable) de felicidad”.


Finalmente en la parte final, el libro aborda las temáticas del “Sacrificio” y del “Despertar” y así se ratifica la entrega plena del hombre a lo absoluto, haciéndose sagrado y uno con este vuelco. Las ilustraciones de inmolación y anonadamiento del cierre se retrovierten sobre el conjunto del libro otorgándole un significado rotundo.


El volumen editado y difundido por El Hilo de Ariadna, agrega a la elegante edición, una amplia galería iconográfica, varios centenares de notas aclaratorias, un copioso índice de ilustraciones y otro onomástico y de contenidos. Leandro Pinkler abre la publicación con un prólogo preciso, claro y solvente que invita sin restricciones a la lectura y saboreo de la obra.

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domingo, 10 de marzo de 2013

Bazán - El Evangelio de María Magdalena


EL EVANGELIO DE MARÍA MAGDALENA

En las versiones de la vida de Jesús aparece la Magdalena con distintos grados de intimidad. Más allá de los indicios sobre una posible relación amorosa, se refleja en ella un vínculo de lealtad.
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por FRANCISCO GARCIA BAZAN


Fuente: Clarin Ñ 482 – Sábado 22 de Diciembre 2012 – Pág.10 y 11
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Como la iconografía represento a María Magdalena
 
 
Las noticias más antiguas sobre la enigmática figura de María la Magdalena provienen de los Evangelios canónicos. A partir de las informaciones de los Evangelios de Juan, Marcos y Mateo se deduce que el adjetivo toponímico de María, procede de Migdal o Magdala, una próspera localidad de Galilea a orillas del lago Genesaret, entre Tiberíades y Cafarnaún. Es el nombre que aparece con frecuencia en el grupo de mujeres que seguían y atendían al Nazareo. Se trata de una mujer a la que el Maestro distinguía dentro del número de sus acompañantes y a quien también le correspondió el privilegio de ser la primer testigo de las apariciones de Jesús Resucitado.
 

Si estas informaciones aludidas figuran distribuidas en las páginas de los tres evangelios mencionados, el relato de san Lucas es más limitado, pero encierra también sugerencias incisivas para la pesquisa historio gráfica. Este evangelista, lacónica, pero convincentemente, expresa: "Jesús iba por ciudades y pueblos proclamando y anunciando el Reino de Dios; le  acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes" (Le 8, 1-3). No hay otros datos. Pero casi al final del Evangelio y en el contexto de las apariciones del Resucitado, Lucas otra vez, sucintamente, pone de relieve a la sanada María cuando las mujeres, las primeras cronológicamente, anuncian la resurrección de Jesús: "Regresando del sepulcro anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas. Pero todas estas, palabras les pare dan como desatinos (lêros ta rémata/deliramentum verba ista) y no les creían" (Lc 24,9-11).
 
 
Cristo resucitado junto a María Magdalena
 
 
No obstante la concisión de los relatos lucanos se puede argumentar que en ellos se incuba la función de María Magdalena como guía femenina según los testimonios de la literatura gnóstica posterior e incluso con su confirmación en algún escrito gentil.

Llama la atención, sin embargo, que cuando Pablo de Tarso en la primavera del año 55 escribe sobre las apariciones de Cristo resucitado no haga referencia a testigos mujeres. Escribe a los cristianos de Corinto: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi Vez recibí: que Cristo... fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, como un abortivo" (1 Cor. 15, 3-8). No se refiere Pablo a apariciones a mujeres, pero sí afirma con palabras inequívocas que se apareció a Santiago, el hermano de Jesús. En este momento podemos leer varios escritos gnósticos directos que constituyen una  colección de textos jacobitas gracias a la exhumación y publicación de los textos de la Biblioteca de Nag Hammadi: La Carta esotérica de Santiago y dos Apocalipsis de Santiago. El Evangelio de Tomás confirma igualmente la autoridad religiosa de Santiago, al transmitir como doctrina secreta en su sentencia 12: "Los discípulos dijeron a Jesús: Sabemos que tú nos dejarás ¿Quién es el que será grande sobre nosotros? Jesús les dijo: Dondequiera hayáis ido, os dirigiréis a Santiago el Justo". Santiago, una de las columnas de la Iglesia, ya por el año 52, según lo declara Pablo en la Epístola a los Gálatas. Pero también en Santiago se sustenta la tradición gnóstica de raíz naasena -adoradores de la Serpiente-, como eslabón judeocristiano de una de las ramificaciones del esoterismo judío, seguido por María Magdalena. Así informa Hipólito de Roma en su extracto sobre los gnósticos naasenos: "Estos son los puntos capitales de  muchas enseñanzas que Santiago, el hermano del Señor, dicen que  transmitió a Mariamne..." "...y  el primer obispo de la Iglesia de Jerusalén, martirizado en el 62, ocho años antes de la destrucción  del segundo Templo, como informa Josefo" (Refutación de todas la herejías V, 7,1).
 

 
 
Icono de la Crucifixión - A un lado de la Santa Cruz, las Tres Marías.
 
 
ENTRE LOS HOMBRES

 Si tanto el testimonio indirecto de  Hipólito como el directo de Dídimo Judas Tomás remiten a la autoridad, magisterial de Santiago es normal que los testimonios sobre María de Magdala y los conflictos con la línea varonil exclusivista  afloren en el Evangelio de Tomás:  "Simón Pedro les dijo: Que María salga de entre nosotros, porque las mujeres no son dignas de la vida.

Jesús dijo: Mirad, yo la impulsaré para hacerla varón, a fin de que llegue a ser también un espíritu viviente semejante a vosotros los varones; porque cualquier mujer que se haga varón, entrará en el Reino de los cielos" (114). La comprensión de la sentencia citada se completa con las 21 y 22 introducidas por María Magdalena: "Dijo María a Jesús: ¿A quién se parecen tus discípulos? El dijo: Son semejantes a unos niños pequeños, instalados en un campo que no es suyo, cuando vengan los dueños del campo dirán: Dejadnos nuestro campo”. Ellos se desnudan en su presencia para dejárselo y devolverles su campo" (...) "Jesús vio a unos pequeños que mamaban. Dijo a sus discípulos: Estos pequeños que maman son semejantes a los que entran en el Reino. Le dijeron: Entonces, ¿haciéndonos pequeños entraremos en el Reino? Jesús les dijo: Cuando hagáis de los dos uno y hagáis lo de dentro como lo de fuera y lo de fuera como lo de dentro y lo de arriba como lo de debajo de modo que hagáis lo masculino y lo femenino en uno solo, a fin de que lo masculino no sea masculino ni lo femenino sea femenino ... entonces entraréis [en el Reino]".
 

El primer momento de superación consiste en la extinción del deseo generativo que mantiene el fluir de la vida biológica gracias al apetito natural, sostenido por el deseo sólo femenino, con sede en la matriz, que se encauza a "tener un hijo". El varón carece de este deseo connaturalmente femenino, por eso la referencia a "hacerla varón". Después se insiste en hacerse "como niños", libres de deseo generador y, finalmente, llega el remate unificador del andrógino. Con él hay retorno al d "macho-hembra", reintegración  unitaria superior a la dualidad del "varón/mujer", previa a la separación Adán-Eva -el Hombre Celestial o de lo Alto- que incluye sin d separación a la colectividad de las e personas espirituales.
 

 
Las Tres Marias, la Teothokos, Maria Magdalena y Maria de Betania
 
 
PALABRAS DE MARIA

 
Absorbiendo la doble línea de la  curación o liberación de los "siete  demonios" que toma a la Magdalena digna de la ogdóada (nombre  del conjunto de ocho deidades primordiales, también llamadas "las  almas de Thot", que constituían  una entidad indisoluble y actuaban juntas, según la mitología el egipcia) y la noética (todo lo que  tiene que ver con el pensamiento, especialmente, el objetivo e  inteligible) dentro de la tradición jacobita, el Evangelio de María,  confirma el mensaje gnóstico de  liberación de la autora y hace presente que esta característica espiritual la distingue de la dimensión psíquica masculina de los "doce".
 

El diálogo del texto, ofrece la constatación: "Pero los discípulos estaban afligidos y muy tristes, al decir: '¿Cómo iremos a los gentiles  y anunciaremos el evangelio del reino del Hijo del Hombre? Si no han tenido compasión de él, ¿cómo la tendrán de nosotros?', Entonces María se levantó, los abrazó a todos y dijo a sus hermanos: 'No os lamentéis ni aflijáis y tampoco dudéis, pues su gracia estará entera con vosotros y os defenderá, .. Pedro dijo a María: 'Hermana, sabemos que el Salvador te amó más que a todas las otras mujeres. Dinos las palabras del Salvador que recuerdes, que tú conoces y nosotros no y que ni siquiera las hemos escuchado". Este recuerdo aquí registrado sobre la repetición de las palabras del Señor, es uno de los usos más antiguos de la primera generación cristiana en la celebración de la comida comunitaria -"fracción del pan" y  "acción de gracias" (eucaristía)- y su reflejo escrito se conserva en la serie de dichos del Documento Q  y el Evangelio de Tomás. Un estilo de redacción que es anterior al de los cuatro Evangelios. Las palabras de Jesús transmitidas por María son sobre la primacía del intelecto y el viaje de ascenso del alma que la despoja del dominio de los siete poderes hasta alcanzar el reposo. Concluido el recuerdo, María queda silenciosa, "puesto que el Salvador había hablado hasta aquí con ella". Pero entonces Andrés y después su hermano Pedro arremeten contra ella, hasta hacerla llorar. Leví amonesta a Pedro por su "arrebatamiento", y agrega: "Ahora veo que estás disputando contra la mujer como los adversarios. Pero si el Salvador la hizo digna, ¿quién eres tú para rechazarla? Seguramente el Salvador la conoció muy bien. Por esta razón la amó más que a nosotros. Más bien deberíamos estar avergonzados y revestir el Hombre Perfecto ... y anunciar el Evangelio sin establecer un mandamiento diferente ni otra ley más allá de lo dicho por el Salvador" (14,10-18,25).


 

El lazo estrecho con lo referido sobre la Magdalena por el Evangelio de Lucas y su inserción en el cristianismo gnóstico-jacobita queda bien marcado en las palabras escritas por María, pero asimismo las referencias a los conflictos anteriores entre círculos de creyentes masculinos y femeninos, hasta erradicar a estos últimos.
 
 
 
Las Tres Marías en la Resurrección de JesuCristo
 
 
EL EVANGELIO DE FELIPE

Otros manuscritos gnósticos más recientes acentúan la proximidad de Jesús con la Magdalena, poniendo la exégesis gnóstica espiritual a su servicio. Esto es lo que ocurre con el valentiniano Evangelio de Felipe, que dice: "El hombre [recibe alimento] a través de la promesa del lugar superior [...] por la boca. Y si la palabra hubiera salido de allí.se nutriría por la boca y se haría perfecto. Pues los perfectos conciben mediante un beso, y engendran (igualmente). Por eso nos besamos unos a otros, recibiendo la concepción por la gracia mutua que hay entre nosotros. Tres (mujeres) caminaban siempre con el Señor: María, su madre; la hermana de ésta; y Magdalena, que es denominada 'su compañera'. Pues María es su hermana, y su madre; y es su compañera" (58, 30- 59, 10). En estos párrafos están las claves hermenéuticas gnóstico-valentinianas para poder interpretar correctamente lo que unos folios más adelante se registra en la misma fuente y que Dan Brown ha hecho arbitrariamente famosos en el Código Da Vinci: "La sabiduría denominada 'estéril' es la madre [de los] ángeles. Y la compañera del [Salvador es] María Magdalena. El [Salvador] la amaba más que a todos los discípulos, y la besaba frecuentemente en la [boca]. Los demás [discípulos] para preguntar [se acercaron a ella]. Dijeron al Salvador: '¿Por qué la amas más que a todos nosotros]" El respondió y les dijo: '¿ Por qué no os amo a vosotros como a ella?'. Un ciego y un vidente, estando ambos a os- curas, no se diferencian entre sí. Cuando llega la luz, entonces el vidente verá la luz y el que es ciego permanecerá a oscuras. El Señor dijo: 'Bienaventurado el que es antes de llegar a ser, pues el que es, ha sido y será'. La supremacía del hombre no es manifiesta, si- no que yace en lo oculto" (63. 31- 64.15). María, personalmente liberada, ve su interioridad luminosa permanente que participa de la naturaleza de lo oculto. El resto de los discípulos no está abierto a esa perfección. Porque el Espíritu circula libremente entre el Maestro -rabbuní: "Maestro mío" le hace decir Jn 20,16 ante el Jesús redivivo-, el Salvador la besa a menudo, fluidamente, sin impedimento de tipo psicofísico, en la boca. Posteriormente el rol central de María Magdalena se reitera y fortalece en el medio egipcio alejandrino en originales gnósticos tan significativos como la Péstis Sophía y especialmente en un preciado manuscrito del Códice de Bruce, el Libro del gran discurso iniciático, el que menciona la Pístis Sophía bajo el título de Los dos libros de Ieu. En este escrito se comprueba que el círculo femenino ha escalado una posición numérica que supera a la de los varones y que el sustantivo genérico "discípulo" incluye indistintamente a discípulos y discípulas. Literalmente: "Jesús dijo a sus discípulos que estaban reunidos con él, los doce discípulos y las discípulas: Rodeádme, mis doce discípulos y discípulas, para que os hable de los grandes misterios del Tesoro de la Luz, éstos que nadie conoce, que están en el Dios invisible" (7,99 [54], 7-10).
 

En realidad este escrito denunciaba a sus espaldas una trayectoria que siglos antes habían marcado dos textos también encontrados en la Biblioteca de Nag Hammadi y que se refieren a "las siete mujeres" que después de la Resurrección seguían la enseñanza de Jesús, la Sabiduría de Jesús, que dice: "Después que se levantó de entre los muertos, sus doce discípulos y siete mujeres seguían su enseñanza" (90, 1-5). El otro escrito, el Primer Apocalipsis de Santiago, era menos avaro en la información, pues facilitaba cuatro nombres del grupo: Salomé, la Magdalena, Marta y Arsinoe. Afortunadamente, más recientemente, el Códice Tchacos (2007) que también contiene El evangelio de Judas, conserva el mismo escrito con el título de Santiago, el que abiertamente, registra y completa: al grupo: "Salomé y María y Marta y Arsinoe ... Sapfira, Susana y Juana". Siempre con constancia aparece en el conjunto la Magdalena, la primera que en contacto directo con Jesús experimentó la liberación de los siete arcontes cósmicos, o su contracara, la vivificación de los siete dones del Espíritu Santo.
 

Modelo femenino cristiano completo y difundido, cuando el filósofo platónico Celso en tomo al 170 escribe su sarcástica diatriba contra los cristianos que lleva el título de La doctrina verdadera, al referirse al dogma cristiano de la Resurrección de Jesús, el escritor eclesiástico Orígenes en su Contra Celso, lo refuta con estas palabras: "Luego, ya que se ha dicho, tomándolo del Evangelio, que Jesús, resucitado de entre los muertos, mostró las señales de su suplicio y las manos taladradas, pregunta así Celso: '¿Y quién lo vio?'. Ya renglón seguido, calumniando a María Magdalena, de la que se escribe haberlo visto, contesta: "¡Una mujer exaltada (pároistros), como vosotros decís! Mas como no sólo se escribe haber visto ella a Jesús resucitado, sino también otros, asimismo trata de insultar a éstos diciendo: 'O algún otro de la misma banda de hechiceros" (Orígenes, Contra Celso, Il, 59). Celso podía confundir las noticias cristianas, pero no se equivocaba al distinguir la conducta exaltada (pároistros) de la histérica (de hystéra/matriz).
 
 
 
 
 
Imágen de la pelicula "La Pasión de Cristo" del director Mel Gibson. En la secuencia, María Magdalena junto a Jesús 
 
 
 
La actriz Monica Belluci en su papel de  María Magdalena en la pelicula "La Pasión de Cristo"
 

 
 
CONTEXTO

LA MUJER DE LOS SIETE DEMONIOS

 

Los Evangelios canónicos – los de Marcos, Mateo, Lucas y Juan-, que se cuentan entre los documentos más antiguos del cristianismo, enseñan que María Magdalena es una de las seguidoras constantes de Jesús junto con otras mujeres que lo acompañaban.

 
Su presencia adquiere importancia particular entre las otras figuras femeninas durante la escena de la crucifixión del Nazareno en el Gólgota, en la preocupación que angustia al grupo por dar una digna sepultura al cadáver del Jesús crucificado y en las diversas descripciones de la Resurrección, en las que la magdalena rivaliza con ventaja sobre el apóstol Pedro.

Sobre sus orígenes, salvo la indicación de la aldea de la que provenía, no se habla, pero sí se dice que antes de ser discípula del Maestro, María Magdalena había recibido una especie de curación del Señor por la que “habían salido de ella siete demonios”.

Pese a su indiscutible relieve en las secciones finales de los cuatro textos evangélicos, hay mucho más silencio sobre ella que noticias.

Esto dio pie a la tradición cristiana ortodoxa posterior para confundir con mentalidad complaciente su identidad con la “pecadora pública” que lava los pies del Señor en la casa del fariseo en la narración que aparece en el Evangelio de Lucas 7,37-50.

La interpretación simplificadora de personajes no tuvo éxito entre los primeros Padres y escritores eclesiásticos, pero la unificación concorditas se consolidó con San Agustín y fue seguida en sus homilías por el Papa Gregorio Magno (s. VI).

Con esto, María Magdalena llegó a ser una misma persona con la “prostituta arrepentida”, cuya leyenda enriqueció y transmitió con detalles la piedad cristiana medieval hasta nuestros días e inspiró obras de arte inmortales del Renacimiento y posteriores. El Evangelio de Felipe acentúa la proximidad de Jesús con la magdalena, poniendo la exégesis gnóstica espiritual a su servicio.

Pero la cultura cristiana es frondosa en escrituras e ideas y éstas han abierto otros caminos por los que pueden transitar tanto la investigación como las fantasías más pintorescas.
 
 
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